// Ran Ortner



Este pibe se zarpa. Con una infancia loquísima, no se podía esperar que Ran saliera normalito.

Nació en el '59 en Dan Francisco. Cuando era chico, su familia se muda de San francisco y sus costas de enormes olas a Alaska. Sí, la familia subió al pobre pibe a un avioncito que tenían y se fueron a vivir en una cabaña en Alaska: sin agua corriente y en el frío de mortal aburrimiento de Alaska.

Parece que para salir del invierno feroz de Alaska la familia agarraba el avioncito que tenían y se iban en un air-trip (como un road-trip por aire) de 3-4 meses a Sudamérica. Definitivamente, el papá de este muchacho tenía un patito que no caminaba en fila.

En fin, era de esperarse que a los 18 Ran se fuera a la mierda; y así lo hizo. Ran encontró una vía de escape andando en moto, pero a fuerza de golpes (literales) tuvo que dejar. Se mudó a los 18 a california a disfrutar del sol y las olas. Ahí empezó a surfear esas olas inmensas que cuando las ves se te frunce todo -incluso vistas por tv-.

La cuestión es que Ran estaba surfeando esas cosas monstruosas cuando de pronto decidió que necesitaba hacer arte. Ahí nomás dejó todo y se mudó a NY (1990) y vive de eso hasta el momento.

// declaración del artista
Ran Ortner
(traducido de su sitio)




En mi arte, contemplo colisiones de opuestos, de las más tiernas brutalidades hasta las más devastadoras sensibilidades. Estas paradojas se registran en mí y me puedo ver a mí mismo dentro de ellas. Estoy continuamente sorprendido por el reflejo entre yo, como individuo, y el entorno dentro del cual existo. Como Roberto Lax Dijo: "La sangre por dentro y la salmuera por fuera".

A menudo pienso sobre la idea de Rollo May que "intensidad sostenida es igual a éxtasis". Todos los días entro a mi estudio, preparo mis materiales y, como James Joyce dijo, "voy por la millonésima vez a encontrarme con la realidad de la experiencia". Encuentro que sosteniendo el encuentro con la mordaz realidad de la vida no es "miserablismo", sino más bien compromiso intenso. La innegable unión de la vida y la muerte no es grave sino majestuosa como se evidencia en el inevitable rompimiento de cada ola que llega a su cima. En una tempestad, distnciones borroses registrándose en mí como el ritmo del baile de la vida. La belleza de la vida es magnífica por colgar del filo de la muerte, insistiendo en su propia relevancia.

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